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  • 26/09/2009

  • Alicia de Larrocha

  • Alicia de Larrocha ha sido la pianista más importante del siglo XX ¡Sin
    ninguna duda!

    Una gloria de España. Ha llevado nuestra música por todo el mundo y la ha interpretado, en cantidad y calidad, como nadie de graciosa, sentida,
    expresiva y auténtica.

    Se ha distinguido también por su trabajo implacable y continuado en
    cualquier circunstancia.

    Ni un día de descanso en su estudio, realizado con la máxima responsabilidad pensando en la música, en el público y en ella misma.

    Nada de cancelaciones si no sucedía algo insuperable.

    Siempre corrigiendo sus propias interpretaciones para mejorarlas ¡Dios mío!

    La he visto trabajar sus manos durante las comidas y descansos: estirando tendones, abriendo los dedos, apoyando sus puntas ¡Increíble su vitalidad y constancia!

    Maravillosa su sinceridad, sentido de la belleza interior, la lealtad y el honor con que vivía.

    Su mirada directa y franca me daba toda la confianza que podía desear. En ella, todo era de verdad ¡Qué gran fortuna encontrarte con sus ojos!

    Su gesto era austero, pero cuando miraba, podías comprender que estaba hecha de cariño toda entera.

    Sentí un escalofrío enorme cuando la conocí por primera vez. Todos los
    pianistas hemos querido tenerla cerca, aunque sólo fuera por un momento,
    escucharla en vivo, verla tocar con esa bravura y entrega que emocionaba. Desde el primer día nos unió un afecto muy especial.



    Ochenta matriculados acudieron al primer Curso que dio en Eutherpe en el año 2002. Alicia los llamaba el “Pelotón de León”.

    Sus últimas Clases Magistrales las impartió para Eutherpe en el año 2004. Nos trasladamos todos hasta Barcelona, a la Academia Granados-Marsall, porque Alicia, en aquel momento, caminaba con dificultad después de una operación de cadera.

    ¡Cuánto disfrutamos juntos, alumnos y profesores, en aquel lugar con sabor a familia, con Ali, su hija, que la cuidaba con tanto amor, y con los profesores y amigos que trabajan en la Academia! Nos hicieron sentir que, aquel lugar, era otra casa nuestra.

    Emocionante recuerdo.

    ¿Hay algún pianista del mundo que no admire con sinceridad a Alicia de
    Larrocha, que no tenga sus grabaciones en casa y las haya escuchado una y mil veces?

    ¡Un tesoro su vida, su amistad, un privilegio, y su pianismo, una riqueza universal!



    DOS ANÉCDOTAS



    Estamos a finales de los años cuarenta.

    Alicia de Larrocha, muy joven, es ya persona reconocida, concertista muy admirada dentro y fuera de nuestras fronteras.

    La llaman para dar recitales en salas importantes.

    Un día llega a un teatro para dar un concierto y no ve más un piano
    vertical, viejo y pequeñito entre las cortinas.

    Pregunta al encargado de la sala

    -¿ El piano para el concierto?

    - Señora, es ese que tiene ahí delante.

    Alicia, se acerca, levanta la tapa de aquel teclado y ve que le faltan
    varias teclas de notas agudas

    - Señor, a este piano le faltan teclas

    - ¡Ah, sí, ya lo sabemos pero, si esas teclas casi no se usan!

    Alicia, muy sorprendida de aquella valoración tan desafortunada y
    comprendiendo que era imposible mejorar la situación en aquel momento,
    guardó silencio.

    Dio recital entre sonidos desafinados y el tak, tak, que producían sus
    dedos, fuertes y pequeños, al golpear la madera que quedaba entre los
    huecos.

    El concierto, fue un éxito

    ¡Admirable!



    ****************************************************************************
    *******************************************************************

    En otra ocasión, se presentó a dar un concierto en otro teatro y cuando
    subió al escenario, no veía por ningún lado el instrumento

    - Ahora lo subimos, dijo el encargado cuando se dio cuenta de que Alicia de Larrocha lo estaba buscando, es que todavía está en el sótano. Espere un poco, por favor.

    Alicia, esperó y después de un largo rato vio que empujaban por el escenario un piano maltrecho por los efectos de la guerra.

    Entre las “calamidades” que sufría aquel instrumento, al que hasta le
    faltaba parte de un lateral, se encontraba la terrible humedad que había
    hinchado las maderas y según bajaba las tecjas, se iban quedando
    enganchadas, como atornilladas.

    Pensó:

    - ¡Dios mío y ahora qué puedo hacer! Este es el único instrumento que tienen y me lo suben como una joya, las entradas vendidas, la gente esperando… Si, ya sé… daré un concierto con una mano y mientras, con la otra, subiré las teclas que quedan enganchadas. Alternaré las manos cuando lo crea conveniente para que vayan cambiando de “oficio” mientras el concierto.

    Así dio aquel recital, tocando como si se tratara de un gran cola último
    modelo y serie de fabricación.

    Era una nueva forma de tocar el piano ¡Ya lo creo!

    Sumó otro gran éxito con su gracia, habilidad y buen humor.

    En cualquier lugar y circunstancia, intentaba hacer música con esa
    responsabilidad y sencillez que la caracterizaba.



    Escuchándola estas y otras anécdotas que contaba con expresión muy viva, no podíamos dejar de reír entre lágrimas.

    Margarita Morais
    Fundación Eutherpe


  • Más informacion en: www.fundacioneutherpe.com
  • 27/09/2009

  • Sobre Alicia de Larrocha en el diario Crónica de León

  • Alicia de Larrocha.

    Se ha dicho siempre que era la “reina” del piano. Los que así la llamaban, tenían mucha razón.

    No sólo es una gloria de España, el mundo entero la ha reconocido así.

    Está entre los más grandes pianistas del siglo XX. Nadie pone en duda su
    perfección, creatividad, personalidad, sinceridad y la emoción que trasmitía al tocar en cada concierto



    Trabajadora, tímida, discreta, nada vanidosa, austera y veraz. Un gran
    sentido común presidió su vida.

    Yo, la podía escuchar horas enteras embelesada. Todo lo que decía tenía un fondo de humanidad, simpatía y enorme conocimiento. Muy reflexiva y
    profunda.

    Alicia era una persona llena de sabiduría, humilde, natural y con un gran sentido del humor

    Parecía hecha de oro puro por dentro y por fuera.

    Te hablaba a los ojos y miraba de frente con gran atención y afecto, porque estaba llena de verdad y bondad.

    Desde que nos conocimos, supimos que había surgido una amistad muy cariñosa, sencilla y fiel entre las dos ¡Era tan generosa!

    Siempre he sentido que me honraba su cariño y confianza. Me daba el valor enorme que ella tenía dentro de sí misma.



    Cuando enviaba alumnos para dar conciertos en la sala de Eutherpe, al día siguiente me llamaba para que le dijera mi parecer sobre el estilo del concertista y su preparación. Me quedaba medio muda cuando me lo preguntaba ¡Dios mío! Ella era la más grande y lo hacía de verdad. Me emocionaba esta sencillez que manifestaba y me dejaba pensando y aprendiendo… Se lo agradeceré toda mi vida ¡Cuánta humildad!



    León, era una Ciudad que le alegraba. Todo estaba cerca. La gente la
    saludaba por la calle. La prensa hablaba de ella con cariño y acercándose al valor más justo que merecía. El Auditorio Ciudad de León, le encantaba.

    En sus Clases Magistrales de Eutherpe, daba el todo a cada alumno. Llegamos a ser ochenta inscritos, venidos de distintas partes del mundo ¡Cuánta felicidad y contento mostraba al ver a tantos jóvenes deseosos de aprender!

    Y de final de las clases, ya en el Aeropuerto, me decía:

    - Margarita ¿Cuándo quiere usted que vuelva?

    Cuando oía esta pregunta tan auténtica, sentía que entraba la primavera en mi alma. Su cariño siempre me ha dado mucha emoción, sus palabras y su vida, han sido trozos de cielo para la mía, su música es una referencia y un valor universal, una fuente de conocimiento, en sentido más completo, para el mundo.



    Las estrellas del cielo la habrán besado y besado…. La luz que ahora nos
    llega, estará también tejida por su música y su bondad.

    Sufrimos un llanto con dolor intenso pero, a la vez, nos acompaña la
    hermosura de su vida ¡Qué tesoro!





    Una anécdota para reflexionar y sonreír:

    Alicia, vivía en entonces en NY en donde fue siempre muy querida, conocida y valorada. Le comenzaron a doler las articulaciones de las manos y fue a una clínica especializada:

    - El mejor remedio, dijo el médico, es que usted haga ejercicio con las manos. Puede… escribir a máquina y tocar un instrumento. Si se anima, coja el piano

    Alicia, le escuchaba y le miraba sin decir palabra.

    - ¿Por qué no? le dijo el médico, nunca es tarde ¡Anímese!



    Alicia me comentó entre risas:

    No me atreví a decirle nada porque vi que no me conocía ¡Tantos años en la prensa y en los medios de comunicación!

    Me sirvió para ser más humilde.

    Al salir, le di las gracias al doctor y le dije:

    - Voy a seguir su consejo y aprenderé a tocar el piano.

    Margarita Morais
    Fundación Eutherpe


  • Más informacion en: www.fundacioneutherpe.com
 
 
 
 

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